LA HISTORIA DE LA ESTRELLA AZUL

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Esta canción que Peteco hizo conocer en la segunda mitad de los `80 y que dio la vuelta al mundo en la versión de Mercedes Sosa, está basada en una conmovedora historia de la vida real. La estrella es Juan, hijo de Peteco del que está alejado.
Juancito nació a mediados de los años ’80, la relación entre sus padres se diluyó y un día sin que Peteco lo supiera, la mamá que es austriaca, se lo llevó a su nuevo destino de diplomática.


A partir de ese momento Juan cito pasó a ser estrella lejana. “Dónde estará la estrella azul/ sus ojos suelen brillar/ perdidos en la inmensidad”, escribió Peteco en las primeras horas de nostalgia y dolor. “ A veces sueño que está aquí…”


La canción se popularizó por su impactante sencillez sin que el público supiera el trasfondo de la letra. “A nadie le puedo preguntar con las palabras del alma- decía el papá herido- es mi tristeza un papel que el viento no deja caer”
Es que todas las cartas a la que recurrió Peteco para tomar contacto con el niño no llegaban al destinatario o iban a direcciones equivocadas ya que el único dato cierto que tenía Peteco era que Juancito y su mamá estaban en África….
Un día llegó el dato preciso: Juan vivía en Nairobi, la capital de Kenia en África oriental junto la océano Índico. Pero, ¿cómo llegar a Kenia?.


Mercedes Sosa, enterada del drama de su amigo, incorporó al santiagueño en su banda como un músico más para hacer una gira por Europa, y una vez concluido el viaje le dijo: Peteco, te traje para que puedas ver a tu hijo. Desde acá no es tan lejos” y le dio un sobre con los dólares suficientes para viajar a Kenia.
Una vez en Nairobi hizo el llamado telefónico anhelado y lo atendió esa voz conocida pero lejana que le dijo que podría ver al niño solo unas pocas horas y con custodia a lo cual Peteco, por supuesto, aceptó.


Esperó dos días en el hotel donde no había nadie conocido y sin hablar el idioma hasta que otro llamado le dio la cita para encontrarse en una plaza pública con el niño.
Juan, que no hablaba ni una palabra en español, no entendía que le decía ese señor que lo abrazaba. Su madre nunca le había contado de su padre.
Igual, padre e hijo, se las arreglaron para pasar un rato junto y llegaron a sonreír con alguna broma, pero solo dos horas después, los custodios se llevaron al niño. Peteco le dejó dos regalos que le había llevado: un bombo legüero y una camiseta de Boca.
Al regresar, escribió “Encuentro”, habló de Mercedes, “en la voz de una nube amiga crucé los cielos como una herida”, de la espera “otros cielos, otras aguas, otros pueblos, otras palabras”- y de lo especial que fue el momento de los juegos “una sombra implacable mas allá de la luz, aguarda”- dejó un deseo “yo quisiera que todos puedan recupera el brillo del alma, hijos, sueños, amores, patria, voces de aquella casa”- y una certeza: “ El encuentro es un acuerdo luminoso para mañana”.
Peteco publicó la canción en su disco solista del año 1992 al que llamó “Encuentro” y en su portada lo muestra mirando el cielo, iluminado por la luz de una estrella… una luz azul

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