Emoción pura: la historia de amor detrás de la silla vacía de Cosquín 2024

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Gladys se sienta en primera fila cada noche de festival, como lo hizo junto a Ricardo, su marido, por más de 30 años. Cada noche mira al cielo y le regala un beso a su estrella.

Gladys, la bailarina que guarda la silla de su esposo que la acompaña desde el cielo en Cosquín.

La emoción es un sentimiento que se repite Luna tras Luna en las noches festivaleras habituales de enero. Pero había una mirada que resaltaba entre el público, unos ojos que goteaban de vez en cuando y una ausencia que se hacia ver en esa silla vacía de aquella primera fila cerca del escenario.

Allí estaba Gladys, con un look de paisana clásico para la ocasión. Su mirada brillosa llamaba la atención y esa llamativa silla vacía era casi una invitación a conocer más la verdadera razón de esa emoción que iba incrementándose minuto a minuto.

“Yo no estoy sentada acá por casualidad”, contó esta paisana. Mientras más hablaba al respecto, sus manos arrugadas y llenas de historia empezaban a temblar.

Cosquín 2024. Las historias detrás del Festival Nacional de Folklore. (Captura de pantalla)

“Acá veníamos siempre con mi marido desde hace más de 30 años. Hace un mes lo perdí pero igual estoy acá haciendo lo que más nos gustaba compartir”, detalló Gladys aún más conmovida.

Su historia de amor con Ricardo, el esposo, tenía magia. Ellos se conocieron en un geriátrico, pero no porque estuvieran allí como internos, sino que Gladys trabajaba como asistente y Ricardo tenía a su papá internado.

Ambos eran apasionados por el folklore: ella formó parte de distintos Ballet como bailarina y también fue profesora. Los dos encontraron en el Festival de Cosquín las Lunas de disfrute año tras año.

Allí, los chamamé, las zambas y las chacareras invadían sus cuerpos que iban envejeciendo años tras año, pero que con cada baile juntos volvían a sentirse un poco más jóvenes.

UN AMOR DE PELÍCULA

El baile folclórico tiene siempre un toque de seducción entre la dama y el caballero. Gladys y Ricardo eran un gran ejemplo de eso y su fueguito interno estuvo encendido hasta que el de él fue consumiéndose lentamente.

Cada peña los unía aún más: era un momento único de esta pareja. Por eso, ella lo recuerda cada noche de esta edición del Festival, donde mira al cielo y tira ese beso que se solían dar cuando terminaban su zamba favorita.

Ella no está sola en ese par de asientos de la Plaza Próspero Molina. Para ella, Ricardo está ahí y lo estará para siempre.

Mirá el video con el testimonio de Gladys desde el minuto 9.50′ a continuación.

Fuente: La Voz

 

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