El equipo económico presentó una hoja de ruta detallada para afrontar los vencimientos de deuda en moneda extranjera durante los próximos dos años, un documento esperado con interés por los mercados. La existencia de un plan con fuentes de financiamiento identificadas para cada compromiso fue recibida como una señal positiva, ya que despeja gran parte de la incertidumbre habitual en Argentina en un contexto electoral cargado de vencimientos. Sin embargo, un análisis más profundo revela que el mayor desafío no está donde suele enfocarse.
Para 2026, las necesidades del Tesoro rondan los 19.200 millones de dólares, frente a fuentes previstas por aproximadamente 22.900 millones. Esa diferencia favorable de 3.700 millones fue diseñada como un colchón para comenzar 2027 con mayor holgura, evitando recurrir al mercado internacional de deuda. Gran parte de estos recursos ya se consiguieron: las colocaciones locales de bonos en dólares aportaron cerca de 4.000 millones de los 6.000 millones proyectados, y la fuerte demanda sugiere que el remanente se conseguirá sin sobresaltos, probablemente mediante un nuevo título en la segunda mitad del año.
El resto del financiamiento se completa con diversas fuentes. El Tesoro planea comprar divisas al Banco Central por 6.700 millones, de los cuales solo restan 744 millones, un monto que el superávit fiscal le permite cubrir con comodidad. Además, cuenta con préstamos garantizados por organismos multilaterales por 4.000 millones; ya ingresaron 1.200 millones y se espera concretar otro tramo de 2.000 millones. Estas líneas resultan más económicas que una emisión soberana tradicional, que hoy implicaría un costo cercano al 8,6% anual, frente al rango de entre 6,3% y 7,75% de los préstamos garantizados. Por eso, el gobierno prioriza estas alternativas y pospone una nueva salida a los mercados para cuando se presente una ventana más favorable.
Complementan el panorama de este año un desembolso pendiente del Fondo Monetario Internacional (FMI) por 900 millones, ingresos por privatizaciones estimados en 800 millones —de los cuales ya se concretó la venta de una transportadora eléctrica y resta la mayor parte de una empresa de servicios sanitarios—, y la refinanciación de vencimientos con el sector público y organismos internacionales por otros 3.500 millones. Sumadas todas las piezas, el programa del Tesoro para 2026 está prácticamente cerrado, con solo alrededor de 3.100 millones en fuentes por confirmar, que corresponden en buena medida al colchón destinado al año siguiente.
En cuanto al Banco Central (BCRA), enfrentaba este año necesidades por 5.800 millones de dólares, incluyendo el pago de un bono especial en manos de importadores, la renovación del swap con China y pases con bancos internacionales. Allí también hubo avances significativos: la autoridad monetaria canceló en un solo movimiento sus pases vigentes por 6.000 millones y los renovó con diez entidades del exterior por el mismo monto, con vencimiento en septiembre de 2028, despejando compromisos similares para este y el próximo año. Del bono en manos de importadores ya se pagó casi la totalidad, y la renovación del swap con China se prevé sin mayores dificultades.
El panorama para 2027 es más complejo. Las necesidades del Tesoro ascienden a 24.900 millones de dólares, un monto considerable que, según el plan, podría cubrirse sin salir a los mercados internacionales. El equipo económico confía en fuentes de alta probabilidad, como la refinanciación con el sector público, desembolsos del FMI y aportes de otros organismos multilaterales. Sin embargo, también deberá conseguir recursos por alrededor de 13.500 millones aún no confirmados, entre ellos el traslado del colchón acumulado en 2026, nuevas colocaciones locales por 5.000 millones en un año electoral, compras adicionales de divisas al Banco Central, ingresos por privatizaciones por 1.500 millones y una línea de financiamiento por 2.000 millones sin detalles precisos.
El BCRA también enfrentará un escenario desafiante en 2027, principalmente por el vencimiento del bono en manos de importadores, que ese año alcanza 5.374 millones de dólares, bastante más que en 2026. Parte de este compromiso, cerca de 3.800 millones, podría no requerir pago en efectivo si se usan esos títulos para cancelar impuestos, aunque esta posibilidad deberá confirmarse llegado el momento.
El verdadero nudo del plan no es solo conseguir el financiamiento, sino la gran presión que el programa ejerce sobre el balance cambiario, es decir, la capacidad del Banco Central para comprar dólares en el mercado. En 2026, la autoridad monetaria debería adquirir unos 13.000 millones para cumplir con sus compromisos —ventas al Tesoro, pago del bono a importadores y la meta de acumulación de reservas pactada con el FMI—. Dado que ya compró alrededor de 11.400 millones, cerca del 90% del objetivo, esta meta parece alcanzable. No obstante, el desafío más importante recaerá en el año electoral.
En 2027, el Banco Central deberá comprar cerca de 11.000 millones de dólares en un contexto que podría ser menos favorable. El precio del petróleo anticipa menores ingresos por exportaciones que en la primera mitad de 2026 y la recuperación económica suele aumentar la demanda de importaciones, presionando la disponibilidad de dólares comerciales. Además, la demanda de cobertura habitualmente crece en procesos electorales. Como respaldo ante posibles turbulencias, el equipo económico recuerda que continúa vigente el swap con Estados Unidos, aunque subraya que se trata de un instrumento de última instancia, no contemplado en el escenario
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