Racing levantó en el final y empató con Unión

Tras un primer tiempo muy flojo, la Academia mejoró algo en el segundo y sobre el cierre el palo le negó el triunfo. Otra vez jugó mal y ahora espera a Gago, que deberá trabajar mucho.
Habrá sacado sus conclusiones Fernando Gago, sentado frente a la pantalla, sobre lo que su inminente equipo demostró en Santa Fe. Habrá visto lo que todos ven desde hace tiempo de Racing: un equipo al que le cuesta mucho elaborar, que no encuentra buenos circuitos y sufre cuando lo atacan con velocidad. Pero esta vez, a diferencia de la caída ante Platense, la Academia tuvo una reacción. Metió un cambio de ritmo, se rebeló con lo que pudo. Llegó al empate y hasta pudo haberlo ganado sobre el final. Fue un punto, nomás Suficiente, al menos, para seguir en zona de Sudamericana 2022 y no sumar su segunda derrota al hilo.

La imagen de Racing en la antesala del epílogo fue la de un equipo apurado que, con sus limitaciones, sin recetas sofisticadas, pudo mejorar su producción ofensiva. Con envíos largos, maniobras individuales o acciones aisladas prendió las alarmas del Tatengue. Así, Moreno tiró un centro, Copetti lo rozó y selló el 1-1. Racing llegaba con los centros de Matías Rojas desde la izquierda o con ese de Mena que fue conectado por Alcaraz con el hombro; Moyano voló y la pelota dio en el travesaño. Enseguida, Después, Cvitanich, otro que entró en el ST, sacó un derechazo que besó el poste izquierdo del arquero.
La crónica de ese tramo previo al desenlace reúne lo mejor de la Academia en un partido donde vivió pasajes de mucha pasividad en defensa. Parecía abatido, sin fuerzas. Desconectado, sin contención en el mediocampo, con espacios entre esa línea y la del fondo. Unión lastimaba por los costados con gran facilidad y se imponía en los uno contra uno. Machuca desbordada por derecha, Gastón González lo hacía por izquierda. Los defensores de Úbeda quedaban expuestos por la poca recuperación en la zona media (Moreno quedaba muy solo en ese rol) y algunos llegaban tarde a las coberturas. En esos momentos de sobresaltos, tuvo que aparecer Mauricio Martínez en un cierre salvador sobre la línea.

Cuando Racing tenía el balón, le duraba poco. No había triangulaciones, sorpresa, desequilibrios personales. Chancalay intrascendente, Lovera lo mismo, Rojas inestable. En el segundo tiempo, con el alma herida, la Academia se animó más aun sin sobrarle nada. Se dio cuenta de que si ajustaba las marcas en el medio y aceleraba adelante, algo podía llevarse. Fue una parda. Y pudo ser algo más.
Gago habrá tomado nota. Tendrá varios focos que atacar, desde lo futbolístico hasta lo relacionado con la confianza.

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